La primavera oscurecía, las horas volaban, y el tiempo parecía no perdonar.
El mundo se movía, siempre para el mismo lugar y sin descansar, todos siempre tan apurados en la pequeña sociedad de hormigas.
Pero su cuerpo estaba inerte, y su cabeza era pedazos, dispersos por la habitación.
El aire viciado, con sus sentimientos flotando por todas partes, le cortaba la respiración. No le importaba, lo que a la mayoría les importa, lo que hace al mundo girar. Ya no le importaba.
¿Cuál es el sentido, de este sentido, en el que caminan todos? Se preguntaba, ese cuerpo que ya no formaba parte de nada.
La música, su droga.
Su vida, una paradoja.
2 + 2 puede ser 3.
Esta vida, está al revés.

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