Caía la tarde sobre sus ojos, y mis dedos sobre su piel.
Cuanta delicadeza había en su caminar, y en sus ojos tanta timidez.
Un poema se desprendía de sus labios, cada vez que rosaba los mios.
En sus besos, encontré mi abrigo.
Con mi cabeza en su pecho, nada más importaba ....
Solo que volvamos a estar ... unidos.

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