Cuando escucho música, en la oscuridad, acostada y solitaria, puedo ver como las melodías se materializan en el universo de mi habitación. Notas de todos los colores y formas se reúnen frente a mis ojos, y son un susurro de lo más dulce en mis oídos.
Esa, la música, es mi droga favorita. Nadie como ella para anestesiar este cuerpo, dejarme alucinada y elevar mi alma lejos.

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